Ser padre o madre y no "sufrir" en el intento

Actualizado: abr 7


En ocasiones los familiares se ven superados por situaciones con sus hijos/as a las que no quieren enfrentarse y no tienen más remedio. Pero, lo peor no es eso, lo peor es que tampoco tienen ni idea de cómo gestionarla. Es lo que trataré de aquí en adelante... 

¿Sientes que tus hijos te "torean"?¿Te toman por el pito del sereno? ¿No te hacen ni caso? Tranquila, no estás sola.


Es el típico anuncio que te encontrarías en cualquier terapia de padres y madres anónimos porque de verdad que NO ESTÁS SOL@.

En el centro dónde trabajo las familias acuden a nosotros en busca de ayuda por este principal motivo, no tienen autoridad con sus hijos. Entonces, seguramente te habrá surgido la duda ¿tengo que ser más autoritario/a?

No, esa no es la respuesta. La respuesta está en que tienes que poner límites y también abrir fronteras.

Te explico.

Cuando quieres que el niño o la niña deje de protestar por algo, ¿le das lo que pide o le explicas el por qué no puede ser? Si le das lo que pide te funcionará, pero será contraproducente a la larga pues no sólo te funcionará esa vez; sino que aprenderá el sistema para conseguirlo TODO y ¡¡cuidado!! porque estoy diciendo ¡TODO! Si, por ejemplo, está llorando porque quiere el móvil, la forma fácil de que se calle es dándoselo; con la consecuencia de que acaba de aprender (o de reforzar) una táctica eficaz para conseguir su siguiente deseo. Sin embargo, si accedemos a dárselo pero limitando el uso (en tiempo o en acciones) estamos marcando los límites y abriendo fronteras, es decir, enseñándole a "negociar". Si le miras cara a cara y le explicas que se lo vas a dejar un ratito pero cuando lo necesites te lo tendrá que devolver porque si no, no podrás confiar en él y no se lo dejarás la próxima vez, está aceptando unas condiciones y se tiene que ir responsabilizando de ello desde bien pequeño. Si llegado el momento, no cumple con lo acordado, tendrá que experimentar una consecuencia que no tiene por qué ser negativa. La consecuencia puede ser reducción de algo positivo; por ejemplo, menos tiempo de videojuegos o de salida al parque, también llamado contraprestación. Nosotros también tenemos contraprestaciones: una multa, un cargo de comisiones, una bronca del jefe, una discusión con tu pareja... ¡y podría seguir!

Puede que pienses que sería duro, tu hijo o hija se pondría a llorar, a gritar y casi que lo pasarías peor. Pero ¿y a la larga? Si aprende a conseguir todo a la primera, cada vez irá a más y cuando llegue a la adolescencia e incluso juventud tendrá los patrones tan adquiridos que todo acabará en frustración, ansiedad e infelicidad cuando no consiga lo que quiere. A ti también te beneficiará a largo plazo, las dos primeras veces, te costará aguantar pataletas pero cuando aprenda a llegar a acuerdos y a hacer tratos con vosotros, el día a día será mucho más llevadero.

Analízalo por un momento...

Esto es muy útil para ellos, pues la vida es una constante negociación (negociamos con la familia, nuestra pareja, la compañía de la luz, de telefonía, el banco, el vecino, el jefe, los compañeros de clase, del trabajo, el profesor, etc.) Piénsalo. ¿Tú hijo/a, a lo largo de su vida, se encontrará más situaciones en las que le den todo a la primera de cambio o en aquellas que tenga que llegar a acuerdos? Tú le llevas unos añitos de ventaja, por tanto, hazle ese favor.


:: Mary Lafuente ::

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