¿Qué preocupa a niños y adolescentes?

Actualizado: abr 7

Todos hemos sido niños/as y adolescentes y, ya en nuestra etapa adulta, seguramente recordemos cosas o hechos de nuestra infancia y adolescencia algo difuminados. Entre borrón y mancha vislumbramos atisbos de felicidad, rebeldía, incomprensión, frustración, exaltación, etc. Un combinado de sentimientos de los que hoy seguramente nos avergonzamos o nos sentimos orgullosos, de los que hemos aprendido tanto o de los que aún no encontramos explicación.

Pese a todo este cúmulo de sensaciones y experiencias, hemos de admitir que todo es necesario. No debemos caer en la trampa de querer controlar la vida de los adolescentes, tampoco la de los niños de manera excesiva. Deberíamos dejar que su libertad no se vea entorpecida y hablarles de corazón, explicándoles las razones por las que consideramos que es o no es buena idea que hagan algo.



NIÑOS

Si nos centramos en sus preocupaciones e inquietudes, la niñez se ve ampliamente marcada por el juego. Pero el juego en todos los sentidos. Para ellos todo es un juego, sean más o menos maduros, cualquier situación irá encaminada a entender las reglas, competir y querer ganar. O bien, a imaginar y simular una realidad donde todo es posible y cualquier cosa puede hacerse realidad. Para los niños cada problema tiene miles de soluciones. Su creatividad no tiene límites. ¿Qué pasa cuando no tienen a nadie con quien compartirlo? Un juego solitario en esa edad no tiene sentido. Recordamos que en todo juego, existe una competición, un público, un premio. Si los niños no tienen a sus padres cerca o nadie ve ni premia sus logros, ¿de qué sirve el juego? El juego se termina.

Es cierto que, aunque parezca algo dramático, los niños buscan constantemente la atención, la competición y la felicitación o admiración de los que más quiere. Es por ello, que la compañía juega un papel muy importante en esta edad. Hoy en día, no hay excusa, tenemos los móviles para ayudarnos a comunicarnos cuando estamos lejos. Podemos rescatar cualquier momentito libre para dedicarles nuestra atención. Buscan afecto y serenidad pero también libertad para elegir lo que les gusta hacer. De nada sirve obligarles a hacer actividades extraescolares elegidas por los PADRES si a ellos no les gusta, y mucho menos les gustará si sus padres no están ahí para ver sus logros.


ADOLESCENTES

Con los adolescentes es algo más complejo. Debemos ponernos en su piel, tener en cuenta las actitudes que, debido a su despertar hormonal, serán difíciles de cambiar y controlar. Podemos hacer valer nuestra experiencia. Nosotros también pasamos por ahí. Y ¿qué necesitábamos ante todo? Comprensión. Tener a nuestros padres de nuestro lado, no como enemigos. Los adolescentes necesitan que sus padres les pregunten cómo están, cómo se sienten , en qué les pueden ayudar, qué les gusta hacer...pero ante todo, debemos hacerles la pregunta clave ¿Qué te hace feliz?

¿A cuántos de vosotros que estáis leyendo esta entrada os hicieron esa pregunta con 13, 14, 15 años? Supongo que a muy poquitos. ¿Qué habría cambiado si os hubieran hecho esa pregunta? Que tendríamos claro quién estaba de nuestro lado, quién miraba por nuestra felicidad ante todo, sin preocuparle tanto las notas, los amigos con los que íbamos, etc. A partir de ahí se crea un clima de confianza difícil de romper entre padres y adolescentes.

Ahora bien, tampoco es cuestión de atosigar a los chicos/as con un bombardeo de preguntas. En todo caso hay que respetar su decisión de no hablar. Hay que dejar espacio y esperar a que ellos vean el momento apropiado para hablar. De la misma forma que hay que apoyarles en el caso de que la respuesta sea "No sé que me hace feliz". La confusión es muy propia de estas edades y ahí entran los padres de nuevo para ayudarles. "No lo sabes, no pasa nada. Es muy normal. A tu edad yo seguramente tampoco sabía bien qué me gustaba o que me hacía feliz. Lo que tenía claro es que estaba a gusto con mis amigos, con mi familia y me encantaba escuchar música. Quizás eso también te pase a ti" Si le confiamos un trocito de nuestra vida, puede que se sientan con más confianza y se abran más a contarnos cosas. Empecemos por abrirnos nosotros y puede que encontremos la respuesta.

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:: Mary Lafuente ::

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